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Vuelta borgeana de tuerca neoliberal

Sandro Cohen

No le costó mucho trabajo a la derecha neoliberal recalcitrante y culturofóbica convencer al presidente Fox de que debía rechazar precisamente aquella parte de la Ley del Libro que permitiría revitalizar la lectura en México: el precio único. A sus asesores económicos les parecía que esta medida atentaba contra la libre competencia de precios, frase que es mantra dentro de su dogma de libre mercado a ultranza. No importa que esto sea falso, o cierto sólo a medias. Para ellos lo importante es que en México se lea lo menos posible, que seamos fácilmente manipulables para poder tragar campañas de odio y desinformación como la que han montado ahora para imponerse a toda costa mientras cantan, de dientes para fuera, las bondades de la democracia y la libertad de expresión.

Los ideólogos de derecha argumentan que el precio único es un control de precios que limita la competencia. Falso. Las editoriales seguirían poniendo sus propios precios, muy a su gusto, y las librerías seguirían negociando su descuento con las editoriales. Pero sin elevados descuentos (realmente ficticios) al comprador final, los descuentos a libreros de parte de las editoriales serían menores y el precio final del libro no tendría por qué subir. La realidad que se ha demostrado ampliamente en Europa (y sobre la cual han mentido los opositores a la Ley) es una tendencia hacia precios menores en comparación con países como Estados Unidos e Inglaterra, donde impera un sistema como el nuestro.

La enorme ventaja del precio único, sin embargo, no es el costo del libro propiamente dicho, sino lo que haría posible: que pueda abrirse una librería en cualquier barrio de cualquier ciudad o pueblo y que la gente realmente compre allí, no porque el libro sea más barato sino por el servicio que ofrece el librero. La ley, lejos de propiciar prácticas monopólicas —como argumentan quienes desean la muerte (o inaccesibilidad) del libro—, estimularía la competencia entre libreros, quienes se verían obligados a mejorar su oferta, su atención al público, etcétera.

La patética realidad de México es que tenemos una de las peores cifras de librerías por habitante. No se debe únicamente al esquema actual de precios, pero es un factor muy importante. Y nuestras bibliotecas municipales, en general, se hallan en pésimas condiciones, con acervos viejos o inservibles. Casi no hay reposición. Lo que está logrando la derecha mexicana al poner el libro cada vez más lejos del alcance de la población, es francamente criminal.

Esta gente es experta en dar gato por liebre. Por eso el gobierno foxista invirtió más en programas con nulo impacto real mientras ha querido herir de muerte al único esfuerzo que realmente pondría más libros en manos de más mexicanos: la Ley del Libro y Fomento a la Lectura. Un hombre que recomienda que la gente no lea para evitarse problemas, como lo ha hecho nuestro presidente, merece un lugar singular en la historia universal de la infamia. Si Borges viviera, seguramente lo incluiría allí como figura principal.


Noticias
Haga clic aquí para leer el artículo de Ricardo Nudelman en Reforma (28 de junio, 2008).
Para más opiniones sobre la ley aparecidas en la prensa mexicana, haga clic acá.
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